Llueve o mejor dicho, es un cernidillo, hace horas que los tenues pinceles de agua dibujan un suave diseño húmedo y brillante sobre el césped del patio.
Degusta largamente la soledad.
No, no se siente solitario.
El peso de las nubes que ocultan la corola radiante del sol lo apesadumbra, pero no, tampoco está triste. Es como si un edredón de melancolía acogiera su espíritu deshilachado y hueco.
¿Cómo llamar a esta sensación?
Es un dulce dolor, una quieta realidad que aturde la mente.
Hay un medio de quebrar este imbricado de contraposiciones.
Busca en la biblioteca, allí a la izquierda sobre el estante pequeño y bajo la etiqueta Poemas-Ficción encuentra un ya ajado opúsculo: Israfel.
Fresca y estimulante brisa.
Adiós al peso de las nubes, adiós al edredón de melancolía. En alas del ángel cuyo corazón sensible resuena como el encordado de un laúd, surcando el cielo envuelto en la más dulce voz de entre las criaturas creadas vuelven la alegría, el solaz y el contento.
En algún lugar recóndito me encontraba acurrucado.
De pronto comenzó…
No podía negarme a aceptar la compulsión de enfrentarme a todo, sin reservas.
Pero no era fácil.
¿Temía?
Pues sí, ¿que otra cosa podía ser ese temblor interior?
Observé la luminosidad exterior y decidí arrostrarla.
Allí estaba, eso que llamaba «yo», envuelto en vapores de pánico, casi sordo por los aullidos del eco de mis pensamientos, enfrentando a «nada».
¡Locura de ser!
¡Maravilla de pertenecer!
¡Estoy vivo! ¡He nacido!
© 2008 Montxo.
Por un tiempo lo llamamos hogar...
El mar, el mar... aromas salobres, abundante en vida silvestre, visión infinita hasta la ilusión del horizonte.
Ciento treinta y cuatro kilómetros mar afuera y la soledad hacen que las tareas diarias sean importantes.
Una babel de portugués, indonesio, chino, thai, un poco de alemán, una pizca de español y varios sabores del inglés hacen de este espacio un guisado de las naciones unidas sin representantes y cuando todo eso falla nos quedan, el caleidoscopio del pidgin y en última instancia la presencia de los molinos de vientos del lenguaje por señas.
Para condimentar este guisado, de tiempo en tiempo, el padre Poseidón, como si quisiera saber que cosa hacen estos bípedos extraños sobre la pequeña plataforma perdida en el inmenso océano, levanta altas olas, le pide al primo Éolo que haga rugir fuertes vendavales y al hermano Zeus que envíe fuertes ramalazos de lluvias y relámpagos para limpiar la atmósfera y ver mejor. Pavoroso y aterrador espectáculo, aquellos que no trabajamos sobre la cubierta corremos despavoridos a escondernos en las acogedoras entrañas de la plataforma.
Estas ocurrencias sólo eran amonestaciones llenas de testosterona de los dioses pero cuando la dulce Selene elegía erguirse por sobre el mar calmo, llena de luz y majestad, ocupando con su globo la tercera parte del cielo, corría la voz como reguero: ¡la Luna!, ¡la Luna!...
Y era un llamado de la diosa, todos a cubierta a venerar la sacra vista de la Casta Diva en todo su esplendor.
Muchas veces me pregunté, por qué hombres rudos, duros en un trabajo exigente y difícil se perdían en la hipnótica mística de una luna llena sobre el mar calmo como si fueran un grupo de poetas poseedores de un alma sensible...
Pero quizá... lo éramos y la teníamos.
© 2008 Montxo.
El conquistador marcha con paso firme sobre el litoral. Ya casi no queda defensa en la diezmada tribu. Los guerreros se apretujan al cuerpo sin vida del último cacique. ¿Qué harán? ¿Quién puede tomar el mando?
Desde el fondo del bosque surge una pequeña figura, una niña casi, con rictus de dolor se acerca al inerme cuerpo de su padre, le hacen lugar, se arrodilla y colocando una flor sobre el pecho del difunto recita: ¡Tu muerte no quedará impune, padre! Los hombres se inquietan, ¿cómo?, ¿qué promesa puede hacer esta pequeña mujer? pero ella levanta su figura y con el brazo en alto grita: ¡Venganza! Los hombres se sienten arrastrados por esa fuerza, ¡ya verá el invasor! Y el empuje de la casi niña hace temblar al extranjero, el arrojo y la valentía son compañeros inseparables de nuestra heroína.
Las fuerzas invasoras son poderosas, al final logran apresar a la pequeña y en una muestra de crueldad para dar escarmiento se decide arrojarla a la hoguera. Un árbol pobre de hojas y sin brillo sirve de estaca. La noche observa impasible el atroz tormento y el alba asombrada vio al fuego y al pobre cuerpo femenil convertirse un una roja corola que al cubrir la copa del árbol lo transforma para siempre en el recuerdo de un alma valiente al ver erguirse sobre la tierra un ceibo en flor.
Versión libre de una narración de Antología de Leyendas Sudamericanas.
© 2008 Montxo.
¡Me pertenece!, me digo con tozudez.
No quiero perderlo.
Pero no es posible detenerlo.
Su existencia es pura energía,
se disuelve en mi interior
para volver en una bruma coalescente
Quiere ver la luz, lo merece…
No por sus cualidades sino tan sólo por ser.
Lo aferro con tenacidad pero ya es tarde, aquí está:
Es mi microcuento.
© 2008 Montxo.
Sin dudas una de las mejores calistenias para mantener la mente sana y encontrar que es lo que hay, realmente hay, en los recesos internos de nuestra máquina de pensar.
Difiere de las divagaciones (mi definición de la palabra) en el simple hecho que no tienes interlocutor, estás solo y ¡no puedes ser interrumpido!
Si no conoces los soliloquios, pruébalos alguna vez, encontrarás el mejor compañero para mantener la sanidad mental:
¡Tú mismo!
© 2008 Montxo.
Éste es el lado insano de la mente, te expresas, discutes, arguyes, conviertes las ideas en armas para usar en las escaramuzas que mantienes con tu Álter Ego. En mi caso, Elfo, que vive en mi mente desde que tengo recuerdos pero tiene secretos propios que no logro sondear.
Este entremetido personaje, sostiene que pertenece a una raza con una misión: vivir en la mentes humanas para controlarlas y guiarlas por el buen camino, ¡lo que sea que fuera eso! Mantiene que es la voz que clama en la espesura de la mente indicando lo incorrecto cuando desvío mis pasos, del mismo modo que los arrebatadores de cuerpos hacían, en la película con Donald Sutherland, cada vez que encontraban un cuerpo "limpio".
Si nada más, la animada experiencia de una discusión con este gnomo te puede dar conocimiento de cómo manejar temas muy difíciles que no siempre puedes discutir abiertamente con otros seres humanos y, de paso, abrirán tu mente, si es que se lo permites, sin olvidar el lado gracioso que, seguramente, te entretendrá sin límites.
© 2008 Montxo.